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“El color me enseñó a descubrir el arte”, conversación con Eduardo Vilches

Publicado a las 22:59 hrs. del Sábado 20 de Agosto de 2011 • Compartir

De Josef Albers, el Taller 99, la enseñanza del color en Chile, y mucho más, conversamos con Eduardo Vilches, artista chileno con una importante labor pedagógica por más de treinta años, candidato al Premio Nacional de Arte 2011 y referente cromático obligatorio a nivel local. Por Ingrid Calvo, José Tomás Fontecilla y Enrique Rivera.

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Enrique: Imposible comenzar una conversación sobre color, sin partir por la influencia de Josef Albers en su obra…

Eduardo Vilches: Influyó muchísimo. Sin embargo, el mayor mito es que yo fui alumno de Albers. Nunca lo fui. En 1953, vino Albers a Chile invitado por el arquitecto Sergio Larraín a dar clases de Color en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica. Más tarde en 1959, fue nuevamente invitado a dar clases en la entonces recien creada Escuela de Arte UC, pero Albers no pudo venir, y en su lugar vino Sewell Sillman, que era su brazo derecho en Yale. Sillman enseñó el curso de color de Albers durante su estada en Chile, al que pude asistir y me interesó mucho, pasaba obsesionado el día y la noche haciendo los ejercicios. Luego en 1960, me fui becado a Yale, al Departamento de Arte, donde asistí nuevamente al curso de color, dictado por Sillman que tenía un peculiar sentido del humor. Con Albers conversé solo una vez y en esa oportunidad me dijo muy serio y cortante “usted aquí puede aprender mucho, si quiere”.

Tomás: A menudo se relaciona su obra con la de Robert Motherwell o la de Franz Kline o Mark Rothko. ¿Qué influencias tiene su obra a la hora de trabajar, del punto de vista del color?

Yo era un joven, a principio de los sesenta, en Nueva York. En las galerías de arte estaba pasando todo, y me dedicaba a estudiar, conocer y visitar las galerías. En ellas estaban las obras de Pollock, Kline, De Kooning, Guston y Rothko, entre varios otros artistas del momento. Una vez estaba viendo una gran exposición de Rothko en el MOMA, y a unos cuantos metros veo al mismísimo artista en persona. Se acercó y me preguntó que me parecía su obra, ahí se me entró el habla, pero me armé de valor y le dí mi opinión. Más allá de las anécdotas, a mí el color me permitió darme cuenta que lo mío era el blanco y negro. Mi obra es de formas, gráfica, no es del color, salvo algunas excepciones.

Por ejemplo, cuando empecé con la fotografía hice, un trabajo que era sobre la realidad y la realidad tiene colores. Era la época de la dictadura, y pensaba como expresar en forma creativa lo que sucedía en ese momento en el país. No se sabía con certeza los límites de lo permisible, más fuerte que la censura, era la autocensura. Esta situación la quise reflejar a través de la fotografía para lo cual registré una ventana de mi casa, desde donde se ve una plaza. La fotografié durante 2 años, a diferentes horas del día y desde el mismo punto. Yo metido dentro de mi casa, mirando a traves de la ventana. Afuera pasaba el tiempo y sucedían cosas, por fuera pasaban los años.

Luego expuse siete de estas fotografías, ampliadas al mismo tamaño de la ventana, 180 x 180 cm. Quería usar la fotografía como normalmente no se usa, a tamaño natural permitiendo así reproducir las cosas tal como son. Se montaron en la Sala Negra del Instituto Chileno Norteamericano, a la misma altura del suelo como en mi casa.

Ingrid: Usted quiso mostrar también la intimidad, desde su ventana, para que todos la vieran…

Así es, para que todos se sintieran dentro de mi casa, compartiendo algo que solamente yo y mi familia podíamos ver. Esa exposición tuvo una asistencia de público increíble. El tema era trasladar mi realidad a otro lugar y simultáneamente percibir el transcurso del tiempo, los colores que van del invierno al verano verlos en acción, significando. Necesitaba el color para crear ambientes y poder así expresar en forma más clara la realidad, porque la realidad es en colores. Es la imagen lo que me interesa. Así fue como solucioné mi problema.

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E: Ahí hay algo relacionado con la interactividad, el hacerlo tú mismo, construir los objetos y volcar la creatividad a través de una cierta destreza técnica, porque en general, uno tiene una relación pasiva con el entorno…

Claro, e incluso cuando volví al blanco y negro, aunque seguí tomando fotografías de lugares, tuve un problema con el significado de la cruz, símbolo que aparecía en muchos de mis grabados, y que era una cosa espontánea, no respondía a ninguna teoría, solo porque la cruz me decía algo. Entonces vino una gringa que formaba parte del jurado de una Bienal de Grabado que se hizo en Santiago, y me preguntó porque usaba la cruz, yo le respondí que porque me gustaba, y me dijo: esa no es una respuesta. Y yo quedé preocupado. Años después, durante mi primer año sabático, buscando las fuentes de las imágenes que yo producía espontáneamente en mis grabados, estuve viajando a Concepción, lugar donde nací y pasé toda la secundaria, tratando de descubrir de donde salían las cosas y me remonté al cementerio. Mi padre murió cuando yo tenía cinco años, y mi hermana menor murió al año siguiente, quedamos mi madre y yo solos, e íbamos muy seguido al cementerio. Yo era un niño chico rodeado de cruces. Descubrí eso y descubrí también cosas sobre el paisaje, que siempre me ha interesado mucho, había también formas que saqué del paisaje natural, del paisaje urbano, del paisaje de los alrededores de Concepción, y llegué a esa conclusión.

I: Usted ha hecho el curso de color para gente muy diversa, personas que traen una preparación artística y gente que viene de otras disciplinas. De acuerdo a esta experiencia, ¿cree que el color puede ser aprendido o el colorista nace?

El curso de color de Albers, consiste en entregar conocimientos, pero al mismo tiempo en desarrollar la percepción visual. Es como cuando se hace una clase de cómo oír música, y se explican las diferencias de valor y timbre entre las notas, o la diferencia al reproducir una misma melodía con diferentes instrumentos. Con el color pasa igual. En el curso de Josef Albers, de la Interacción del color, hay cosas muy simples que los alumnos pueden manipular, cambiando de lugar y de tamaño un determinado color, comparando, y dándose cuenta que se puede ver distinto, de matiz, de valor y saturación lo que demuestra la relatividad del color.

En el fondo lo que se enseña es a ver, y eso lo puede hacer cualquiera. Por eso yo recomiendo también a los teóricos del arte que practiquen este curso, para que tengan conciencia de lo que están escribiendo cuando se trate del color, para que hablen del asunto con conocimiento de la situación. Este curso es algo que se le podría entregar a cualquier persona.

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I: ¿Y cualquier persona podría desarrollar la apreciación cromática?

Claro. Yo he hecho cursos de Extensión y en ellos se inscriben dueñas de casa, pintores aficionados, ingenieros, médicos, abogados, periodistas, estudiantes de enseñanza media, y personas de todas las edades, que logran interactuar y yo lo paso muy bien. Es gente que toma el curso porque quiere aprender, y uno se siente muy motivado como profesor.

Es un curso que no requiere mayor destreza técnica, porque se trabaja con papeles de colores. Se aplica el método que diseñó Albers, que en mi opinión es una de las cosas más importantes que hizo, además de su obra “Homenaje al Cuadrado“. Lo desarrolló en Estados Unidos, ya que cuando hacía clases en la Bauhaus enseñó el Curso Preliminar y el curso de Pintura en Vidrio. Pero este curso de Color lo desarrolló cuando estaba enseñando en Black Mountain College, lugar donde estudió Robert Rauschenberg, alumno de Albers, y uno de los estudiantes que más lo sufrió y que una vez, cuando lo entrevistaron declaró que “Albers podía llegar a matarte con su disciplina”. Pero creo que también era porque siempre es necesario tener una metodología, un orden personal a la hora de trabajar, no se puede estar esperando a que llegue la inspiración…

I: La inspiración llega con el trabajo…

Si, la inspiración te llega cuando estás trabajando entusiasmado, cuando logras meterte en un asunto, ahí se siente uno de una manera especial. Siempre me preguntan por qué soy profesor de Color y trabajo tanto con blanco y negro. La verdad es que creo en la libertad para elegir los recursos. Claro, soy profesor de color y me interesa mucho, lo hago con mucho gusto porque para mí fue lo que me enseñó a descubrir el arte. Yo entendí lo que era el arte a través del curso de color. Lo que hacía antes era dibujar bien, pero del arte mismo no sabía mucho, porque no salí de ninguna escuela, dibujar era una cosa intuitiva en mí. Pero con el curso de color me di cuenta que estos elementos del dibujo se podían manejar a voluntad, como lo que sucede en los “Estudios Libres” de Albers, que son prposiciones con color. Ese curso fue lo más importante que me pasó, porque me hizo ubicarme en el arte.

T: ¿Cómo fue la experiencia en el taller de grabado de Nemesio Antúnez?

Primero estudié pintura y cuando estaba metido en la pintura, realmente entusiasmado, conocí a Antúnez, quien me invitó a su taller de grabado. Después de haber impreso mi primer grabado, dejé la pintura. Me quedé con el grabado. La experiencia en el Taller 99, además de adquirir conocimientos que se transmitían desde los integrantes más antiguos a los recien llegados, me introdujo en el medio artístico. El taller era visitado a menudo por músicos, arquitectos y escritores, con los cuales se generaban tertulias culturalmente muy enriquecedoras.

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I: Usted que se ha dedicado al color como profesor y al grabado, que tiene que ver más con la forma, como artista en su obra. ¿Qué posición tiene con respecto a las teorías o a la discusión constante que surge entre la importancia de la forma por sobre el color, o viceversa?

Yo creo que ambos son lenguajes, y que son válidos los dos. Se pudenen combinar. Lo importante es saber qué es el lenguaje de la forma, y qué es el lenguaje del color. Hoy en el arte no hay límites, en ese sentido soy bien abierto. Lo único que considero fundamental es que quien use el color, lo use correctamente, en lo que se le ocurra. Si el color está aplicado en algo, que sea porque tiene una función que cumplir, no por una razón decorativa.

I: ¿Y usted cree que el uso del color en las aplicaciones de hoy en día, tiene esa conciencia?

No mucho. Hay algunas personas que tienen mucha facilidad para el color, aunque no tengan una formación artística, pero son pocas. Con el curso de color de Albers se hacen cosas interesantes, es formativo y para mí es fundamental que esté al comienzo del aprendizaje artístico, diría que obligatorio.

I: Pero la realidad de la mayoría de las escuelas de diseño y arquitectura, es que Color, como curso,  no está ni siquiera considerado básico en dichas carreras. Es un electivo en las pocas universidades que lo tienen, pero en las otras, arquitectos y diseñadores egresan sin conocimientos sobre color…

Exacto, y creo fielmente que es por falta de conocimiento de los que planifican las carreras. Si miramos los fundamentos de la Bauhaus por ejemplo, el color si estaba considerado dentro de las materias básicas. Se debían dominar muy diversas materias para poder egresar, y no tenías límites. En la Bauhaus interactuaban artistas con diseñadores y arquitectos y esa interacción buscaba abrir los horizontes. En mi opinión, la Bauhaus era incluso más adelantada que lo que pasa hoy en día, ya que se combinaban los elementos compositivos como el espacio, el color, porque son parte del lenguaje visual, que es algo complejo.

I: ¿Y como cree Ud. que afecta esa falta de formación en materias de color?

Afecta harto. Bueno, uno de los efectos del curso de color por ejemplo es el desarrollo de la percepción cromática. Una persona común y corriente que asiste a un curso de color, se puede dar cuenta luego de finalizarlo que ha aumentado su capacidad de ver, que puede ir a un museo y gozar con la pintura, con la visión de nuevas relaciones entre los colores, cosas que no había visto antes, básicamente. Y reconociendo la naturaleza relativa del color. Yo mismo, luego de asistir por primera vez al curso de color en Chile, tuve la posibilidad de ir al museo de Houston, y apreciar cómo una pintura de Cezanne se veía multicolor. Después en Washington, vi por primera vez un Vermeer en directo, era “Muchacha con sombrero rojo” y quedé boquiabierto. Jan Vermeer es uno de los pintores que sabía de color, y yo me he encargado de estudiarlo, para entender cómo llegó a hacer lo que hizo: reproducir un momento del tiempo, mediante un manejo genial de la luz y el color, que son la misma cosa. Cuando fui por primera vez a Europa, me llevé anotados todos los museos donde había un Vermeer, para ir a verlos, verlos de verdad.

I: Y en eso el aprendizaje del color es fundamental…

Sí, porque con la práctica del color adquieres la capacidad de poder ver, fijarte más profundamente en ciertas cosas. También caminando por la calle, te das cuenta que a cada momento pasan cosas con el color, cosas que antes no habías visto, detalles. Y si se tiene habilidades; ver puede servir para hacer algo, algún proyecto, y sino, para pasarlo bien apreciando una pintura, o la vida misma.

Publicado por Ingrid Calvo Ivanovic

Diseñadora Gráfica titulada en la Universidad de Chile. Magíster (C) en Estudios de la Imagen. Académica Coordinadora del Área Plástica del Departamento de Diseño de la Universidad de Chile. Miembro individual de la Asociación Internacional del Color (AIC). Miembro colaborativo del Study Group on Color Education de la AIC. Directora de Extensión de la Asociación Chilena del Color. Es también co-investigadora del programa Estudios del Color, en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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